El paciente que se engaña a si mismo.

Hace más de ocho años que empecé a trabajar en Farmacia Comunitaria. No puedo decir que tenga una trayectoria dilatada, pero ya he visto muchas cosas. El trabajo me apasiona. Tiene muchas dimensiones diferentes, pero sin duda, la mejor es el trato al paciente.

Muchas cosas me han sorprendido en estos años. Alguna te la cuento después del salto.

Farmacia es una carrera muy bonita. Un día haré un blog sobre ella. Pero hoy de lo que os quiero hablar es del día a día en la Farmacia.

En la farmacia hacemos muchas cosas.

Hay una parte técnica-profesional de base que dominar. Conocer los medicamentos, cómo se toman, cómo funcionan, qué riesgos hay… eso es fácil. Está en los libros. Se puede aprender (aunque lleve los 5 años de carrera).

Hay una parte de formación constante. Me gusta dedicar parte de mi tiempo a seguir formándome. Por ejemplo, en este momento estoy haciendo 3 cursos muy interesates de SEFAC. El CESAR, para crear un servicio que ayude a los pacientes a dejar de fumar. El impacHTA, orientado a ofrecer servicios para disminuir el Riesgo Cardiovascular de los pacientes. Y el REVISA para ofrecer el servicio Revisión de la Utilización de la Medicación, para trabajar con los pacientes en cómo usan los medicamentos. Son tres cosas que siempre se han hecho en las farmacias y en las que quiero profundizar para poder hacerlas mejor.

Hay una parte de gestión profesional y comercial. No solo comprar los medicamentos, que también, si no hacer protocolos de indicación. Me gusta estudiar los productos que ofrecen las diferentes marcas, apostar, aprender cuándo recomendar uno u otro. También decidir qué servicios potenciar, estar atento a qué necesidades tienen los pacientes y pensar qué servicios podemos implementar para ayudarles… Por ejemplo, ahora mismo estamos incrementado nuestro catálogo de productos de Movilidad y Ayudas Técnicas porque creemos que muchos los usuarios de la farmacia pueden necesitarlos. Y pronto crearemos una categoría de medicamentos y productos para el cuidado de mascotas, porque vemos que muchos de nuestros pacientes las tienen. También estamos en proceso de incorporar un Servicio de SPD.


Hay una parte logística: llegan los pedidos diariamente, hay que recepcionarlos, colocarlos, ponerles precio, revisar albaranes, facturas, mantener ordenado el almacén. Todo para ofrecer un servicio rápido y tenerlo todo a mano.

Otra parte burocrática: la gestión de las recetas Sistema Nacional de Salud, los libros oficiales de estupefacientes, el contacto con el Colegio Oficial de Farmacéuticos…

Otra parte de gestión económica: los números, los bancos, la asesoría, las declaraciones de hacienda, las nóminas, los objetivos…

Pero lo más importante es el paciente.

Son muchas, muchísimas cosas las que se hacen en una farmacia de barrio como la mía. Pero siempre, lo importante en realidad, la clave de la que depende todo es el paciente. La personas que entra por la puerta y a la que hay que dar servicio, a la que podemos ayudar.

Nada tiene sentido si no está enfocado en mejorar el servicio al paciente, en mejorar su calidad de vida. Cualquier actividad que no repercuta directa o indirectamente al paciente resulta innecesaria.

Así que lo que de verdad es un reto es adecuar toda esa información técnica, la que aparece en los libros, a cada paciente.

En mi farmacia tratamos a algún exministro de Cultura, algún conselleiro de la Xunta de Galicia, profesionales de las conserveras de la zona, pescadores del día, marineros de altura, gente pudiente que vive en grandes Pazos gallegos, vecinos humildes, trabajadores incansables del campo. Gente de todo tipo. Desde doctores y doctorandos hasta personas mayores que nunca han aprendido a leer. Y todos ellos tienen tienen el mismo derecho a saber qué toman, para qué es, cómo tomarlo de la manera más segura y eficaz. Pero a cada uno hay que explicárselo de una forma diferente. Cada uno lo entenderá a su nivel. Es parte de nuestro trabajo hacerles entender hasta donde puedan.

Los pacientes esperan un buen servicio. Que sepamos indicarles la medicación adecuada, pero muchas veces nos lo ponen difícil.

Un ejemplo sencillo y recurrente.

Un paciente vino a la farmacia porque tenía un dolor en un hombro. Hablamos un rato con él para aseguramos de que no había contraindicaciones ni motivos para derivarlo al médico. Decidimos indicarle paracetamol cada 8 horas. A los pocos días volvió diciendo que el medicamento no le hacía nada. Así que siguiendo el protocolo le recomendamos ibuprofeno y también quiso probar una crema antiinflamatoria. Pero no fue suficiente tampoco. Regresó con una receta del médico de un antiinflamatorio más potente -y un protector de estómago, claro- Pero no hubo mejoría. El médico saltó a los opiodes, relajantes musculares… después parches estupefacientes y luego estupefacientes más potentes. Un tiempo después en la época de la recolección de la uva -dato importante- apareció un familiar del paciente y nos contó que el otro día se había caído. Se abrió la ceja y lo llevaron al hospital con una contusión. Había pasado por proceso de vómitos bestial y le encontraron un problema de retención urinaria. Los médicos le dijeron que era por un medicamento y nos trajo una bolsa con un montón de cosas a ver cual era. En la bolsa estaba el paracetamol, el ibuprofeno, la crema antiinflamatoria, el arcoxia (antiinflamatorio), el omeprazol, el yurelax, el tramadol-paracetamol, el fentanilo de 25, el de 50 y el de 100. De todo eso, lo único que estaba abierto era un parche de fentanilo de 100… Todo lo demás estaba sin ni siquiera abrir.

Conclusión:

El paciente no había tomado nada de nada. Se dedicó a venir a la farmacia y pedirnos cosas para no tomarlas, ir al médico y hacer lo mismo. Tiempo después se puso a recoger la uva y le apareció un dolor en un codo, agarró el último medicamento que le habían dado –este será el mejor, seguro– eso debió pensar. Claro, la reacción adversa de administrarse directamente el parche de 100 le costó un episodio muy desagradable, una mala caída, mucho más dolor y un par de noches en el hospital.

Y esto pasa con casi todo. “El médico me dijo que tomara una pastilla al día para el colesterol, pero yo solo tomo una cada dos o tres días”, “El medico me dijo que tomara el medicamento de la diabetes por la mañana y por la noche, pero yo solo lo tomo por la noche”, “El médico me dijo que tomara 10 días de antibiótico, y el farmacéutico también, pero yo a los dos días ya estaba bien”. Y así vamos.

Y en definitiva.

A veces me olvido de que este blog va sobre salud. Bueno, la moraleja es: Eres libre de tomar o no tomar los medicamentos que te recomendamos, o que te pauta el médico. Tienes la libertad de decidirlo, es tu decisión y tu responsabilidad. Tienes derecho incluso a tomar una decisión equivocada. Pero por favor, hagas lo que hagas dínoslo. No podremos ayudarte si no tenemos los datos correctos, y eso se paga con salud. Con la tuya. Todos los profesionales sanitarios -médicos, farmacéuticos, enfermeros, dentistas, ópticos, oftalmólogos, podólogos…- queremos ayudarte a mejorar tu salud y tu calidad de vida, pero si no tenemos los datos correctos, si no vemos el cuadro completo, no podemos hacerlo.

Cuidarse también es ser un paciente responsable, y no engañarse a uno mismo.

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