El arte de descifrar recetas.

El arte centenario de descifrar recetas se está extinguiendo. La llegada de las nuevas tecnologías y las recetas escritas por medio de un teclado están a punto de acabar con esta práctica tradicional. Es una pena. Ya no se se escucha tanto la manida frase de “´¡Tú que lees aquí?”

El ¿noble? arte de descrifrar recetas.

Los orígenes, las recetas en latín.

Dicen las malas lenguas que todo empezó cuando los facultativos se vieron obligados a abandonar las recetas en Latín. En ese momento, y con el rebote de que ahora cualquier simple mortal podría comprender qué escribían, decidieron escribir con una letra cursiva imposible de entender. Excepto para los boticarios, claro. Ya se sabe, en tercero de carrera los farmacéuticos dejamos de estudiar bioquímica, farmacognosia, botánica, biofarmacia, fisiología, fisiopatalogía y esas cosas tonterías para entregarnos al estudio de antiguos papiros médicos escritos en arameo para certificar nuestra capacidad de percibir las intenciones del médico, más allá de lo que realmente pone en el papel.

Siguen llegando recetas escritas a mano. Son pocas. Pero llegan. Algunas recetas privadas, otras de MUFACE, ISFAS, MUGEJU y otras mutualidades, y alguna del SERGAS de pacientes desplazados. El problema se ha reducido, pero no ha desaparecido. En los grupos del Facebook de farmacéuticos (sí, los farmacéuticos tenemos grupos en FB) costantemente aparecen fotos de recetas para intentar descifrarlas. Pero como somos muy pudorosos nunca aparecen nombres de pacientes ni de médicos.

¿Tú que lees aquí?

No hace mucho llegó a la farmacia una chica joven con un parte de alta del hospital de Pontevedra, con unas cuantas recetas rojas hechas en papel. Nos contó que llevaba nosecuantas horas en el hospital con su madre. Fueron de madrugada porque la mujer no respiraba bien y la tuvieron allí “enchufada a una botella durante mucho tiempo”. Al leer el parte de alta pude ver que la señora había tenido un edema pulmonar. Un pulmón se le había encharcado posiblemente derivado de un problema cardíaco. En fin. El problema es que una de las recetas era completamente ilegible.

Era imposible saber si ponía Spiriva o Seguril. Dos medicamentos totalmente diferentes (uno es un inhalador, y el otro un diurético) pero que los dos podían encajar con un problema respiratorio y con la acumulación de líquido en el pulmón.

Empezamos a preguntarnos entre nosotros – ¿Tú qué lees aquí? – ¿Y tú?– La hija, que presenciaba un movimiento que no entendía empezó a ponerse nerviosa. Cogimos los papeles del hospital y empezamos a leerlos y a pasárnoslos entre nosotros. -¿Qué pasa?- preguntó enfadada. – Perdona, es que no estamos seguros de qué pone esta receta. – ¿Es que no sabéis leer una p*** receta?- La chica estaba enfadada. ¡Dónde se había visto un farmacéutico que no entendía una receta! Hasta que vio la suerte de garabato que había escrito el médico. Entonces lo comprendió. -Ostra, y ahora ¿qué hacemos?- y así comenzó el baile.

Llamamos al Centro de Información del medicamento (un servicio de consulta que el Colegio Oficial de Farmacéuticos tiene en pontevedra) les mandamos la receta por fax… pero ni idea. Empezamos a llamar al hospital para localizar a la médica, pero ya había terminado su guardia y se había ido. Y mientras seguíamos viendo con lupa la receta para detectar si había o no una “l” final que decantara el resultado. Pero nada. La única solución era mandar a la chica de vuelta al hospital, a ver si alguien encontraba algo escrito por la médico, y si no, pues que otro médico se mojara y hiciese una nueva prescripción. Nosotros no podías dispensar sin estar seguros.

En estas estábamos cuando suena el teléfono. Era la médico de guardia que había atendido a la señora. Nos dijo que se daba cuenta de que esa receta la había escrito fatal y que ponía Seguril. Y que lo sentía mucho.

Bueno, tema resuelto. La señora y su hija ya tenían la medicación correcta, ahora tocaba recuperarse tranquilamente.

Es muy crispante. Se supone que el lengua escrita se ha creado para transmitir información de una persona a otra (emisor, receptor, código… y todo eso que nos explican en el instituto). No entiendo por qué algunos médicos escriben tan mal.

Más vale una imagen

Os dejo unos ejemplos a modo de juego. A ver quién sabe qué pone aquí.

Traducción:

Juicio clínico: Faringitis aguda

Amoxicilina/Ác Clavulánico 500

Paracetamol si fiebre

Control por MAP (médico de atención primaria)

Impresionante.

Otra:

Aquí pone: Meticel 200mg

Una más:

Y aquí Gatica capsulas envase grande.

Escribir las recetas mal pone en riesgo la salud del paciente. Sencillamente por no pararse a escribir un poquito mejor. No es imposible que haya una confusión, muchos medicamentos tienen nombres similares.

Médicos del mundo, por favor, haced las recetas bien claritas, por el bien de los pacientes.

 

Ahora y en tono de humor: