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De por vida.

Mi amiga Magda me preguntaban el otro día por el Facebook: “¿Por qué tengo que tomar adiro para siempre?” Ella no lo sabía pero me estaba proponiendo dos temas candentes. Por un lado “Para qué se usa el adiro”. Un tema farmacológicamente muy bonito, un tanto técnico, pero intentaré abordar otro día. Y por otro lado el famoso “de por vida” que se usa como sufijo en muchas prescripciones y que me parece muy peligroso.

Un medicamento de por vida.

No existe algo llamado “tratamiento de por vida”. Los tratamientos son puntuales, para problemas agudos que se resuelven y se abandona el medicamento. O son crónicos, para patologías o procesos crónicos. Medicamentos que se usan durante periodos de tiempo largos o incluso que no se abandonan nunca. Pero tratamiento crónico no es lo mismo que “de por vida”

La frase “tome este medicamento de por vida”:

  • Pone al médico en una posición de infalibilidad que no es buena para nadie, sobre todo para el paciente.
  • Pone al paciente en una posición de sumisión y rendición.
  • Es una profecia que no se cumple en la mayoría de los casos… y esto es una forma efímera de decir que es una mentira directa.
  • Provoca errores con la medicación que pueden poner la vida del paciente en peligro.

“Adrián, no te metas en camisas de once varas.”– Estoy a punto de meterme a jardinero, pero no hay maldad ni mala intención en lo que digo. Lean hasta el final del artículo para entenderlo.

El facultativo que todo lo sabe.

Me asombra la capacidad de ver el futuro de algunos prescriptores. Soltar un “para toda la vida” es afirmar CONOZCO TODO LO QUE LE VA A OCURRIR EL RESTO DE SUS DÍAS y va a necesitar este tratamiento. Dejar caer esa bomba en forma de frase hecha es decirle al paciente VAS A VIVIR ENCADENADO A ESTE TRATAMIENTO POR EL RESTO DE TU VIDA. Cual maldición que coarta las libertades, acorta las riendas de la propia vida y limita las opciones de forma inexorable.

Perdónenme señores doctores, pero esto ustedes no lo saben todo lo que le va a ocurrir a nadie el resto de sus días. Seguro, seguro que no pretenden poner al paciente en la tesitura que disponen con esa frase que me repele. Sencillamente no se han planteado que no es una fórmula correcta para comunicarse.

Qué puede pasar para que su paciente tenga dejar su mediación “de por vida”

  • Aparece una nueva patología que implica una medicación incompatible con su “de por vida”.
  • Aparecen efectos adversos que aconsejan suspender esa medicación.
  • Surge un medicamento innovador para esa dolencia con un mejor perfil de seguridad y eficacia que el que usted propone.
  • El medicamento deja de estar disponible por problemas de seguridad, eficacia o directamente por temas económicos.
  • El sistema de precios que tenemos en España deja su medicamento eterno fuera de la financiación y el paciente no puede o no quiere costearlo de su bolsillo.
  • El paciente mejora. ¡Oh! ¡Sorpresa! a veces los pacientes mejoran.

El paciente que no sabe todo.

Todo el tiempo hablamos del “empoderamiento del paciente”, es decir, dotar al paciente de conocimientos sobre su enfermedad y su tratamiento de manera que pueda comprender la situación, tomar decisiones y asumir una responsabilidad frente a su propia salud. Expresiones como “de por vida” anulan la capacidad al paciente. Lo sacan de la ecuación. Vale que no todo el mundo estará capacitado para comprenderlo todo, pero ese no es motivo para anularla y dejarla al margen de su propia vida.

Está claro que “tome esto de por vida” es una orden directa sin margen de error, contundente y que favorece que el paciente no se haga preguntas, no dude y no entienda. Pero a veces hay que pararse a decir “tome esto todos los días hasta que yo le diga que lo deje”, “va a tener que utilizarlo mientras las circunstancias no aconsejen otra cosa”, “debe tomarlo de forma crónica”, o un sencillo “no deje de tomarlo sin decírmelo”. Hay mil maneras… aunque llevan unos segundos más de tiempo que escribir “de por vida”.

Los problemas relacionados con los medicamentos

¿Por qué me indigna tanto este tema? Por que veo a muchos pacientes cada día y detecto duplicidades muy a menudo. Es habitual en los pacientes con EPOC que usan inhaladores. Les dispenso dos inhaladores y les pregunto. “Lleva dos inhaladores para el mismo problema. ¿Seguro que es correcto?” – “Sí, es que este (el de menos dosis) me dijo el doctor Nosequé (médico privado) que lo tenía que tomar “de por vida” y este otro (exactamente el mismo pero de mayor dosis) me lo da el del seguro”. Y mientras tanto la señora hinchada como una pelota, con problemas de retención de líquidos y retorno venoso, con problemas articulares por desmineralización y con hongos en la boca cada 10 días. Estaba tomando mucha más dosis de la que debía del corticoide inhalado. Y todo por una maldita frase manida, buena para nada, y mala para todo: “Tiene que tomarlo usted de por vida”. Y como lo dijo el doctor Nosequé que tiene cuarenta años de experiencia y trató a mi abuela y a mi madre, pues yo hago lo que me dijo.

Este es un ejemplo, pero se me ocurren muchos otros. Como el paciente que tras 10 años con adiro ha generado una gastritis y tiene que suspenderlo. Pero no lo hace porque el doctor le dijo que era “de por vida”. O aquel que toma sintrom y tras varios problemas le dan un anticoagulante de nueva generación como el Pradaxa (suerte la suya). Pero sigue tomando el sintrom porque… ya sabe… el médico le dijo que este era “de por vida”.  O el que, tras una hepatitis, sigue tomando el paracetamol porque el médico le dijo que 3 al día para toda la vida… Y tantas otras posibilidades.

La fuerza de las palabras del médico.

Si hay algún médico leyendo esto, por favor, no me entiendan mal. No pretendo socavar la fuerza de sus palabras. Todo lo contrario. Creo que muchas veces no se dan cuenta de lo relevantes que son las cosas que dicen. Muchos pacientes salen de consulta y le dan vueltas y vueltas a lo que han dicho. Una frase al aire en consulta puede  resultar peligrosísima en manos de un paciente que la ha malinterpretado. En realidad para usted no era más que una simple frase.

Ya lo sé, no es justo. No es justo que a una conversación informal se la dote de la infalibidad que se les presupone. No es justo que no puedan hablar sin medir cada coma y cada jota. No es justo que tengan 3 minutos por paciente y les pidamos que sean perfectos en sus decisiones clínicas y en su morfosintaxis. No es justo. Pero tampoco es justo que por un descuido o por una mal latiguillo un paciente vea su salud amenazada, por agarrarse a un medicamento más allá de lo que resulta lógico.

Sus palabras tienen mucho poder. Mucho. Tienen un impacto tremendo en las personas a las que atienden. Y ya saben que “un gran poder implica una gran responsabilidad” Spiderman nos lo dejó claro. Por eso les pido, humildemente, que abandonen el “de por vida” , el “para siempre”, el “mientras viva”. Dediquen 1 minuto a explicar al paciente que instaura un tratamiento crónico con arreglo a sus circunstancias actuales. Díganle que debe tomarlo mientras las circunstancias no varíen. Díganle que en un futuro incierto es posible que la situación cambie y sea aconsejable suspenderlo, cambiarlo, modificarlo o sustituirlo en función de nuevas circunstancias que, a día de hoy, son imposibles de preveer.

A mi amiga Magda.

No sé, amiga Magda, si has sacado algo en claro de todo este texto. Al final se me ha ido un poco de las manos. Lo que me gustaría que te quedase claro es que el adiro que tomas no tiene porque ser de por vida. Hay muchas cosas que pueden ocurrir que aconsejen cambiar de medicamento. De momento, y mientras no cambien las circunstancias y el médico no te diga lo contrario sigue tomándolo. Recuerda hacerlo siempre con el estómago lleno, habitualmente se recomienda después de la comida. Si notas cualquier cosa extraña al usarlo no dejes de preguntar a tu farmacéutico, a tu médico o a mí en la distancia. Dentro de unos días hablaré más sobre el Adiro y espero resolver alguna de las dudas que puedas tener.

Un saludo y buen día a todos.

Adrián Acuña

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